Hace ya un año desde que hicimos nuestra aparición en el Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid (el famoso TAC, para los amigos, o «lo del Teatro de Calle», para los autóctonos). Aún recuerdo la locura que fueron los últimos meses antes de actuar: no solo ensayamos como de costumbre nuestras canciones y nuestro «sentido del ridículo» sino que, además, hicimos un trabajo escénico que, para parte de los miembros del grupo, fue una verdadera novedad. Actuar para el TAC implicó que muchos de nosotros sacáramos una vena artística que ni siquiera sabíamos que teníamos. Algunos ya habían pisado un escenario para hacer algo más que cantar, pero otros solo habían visto un teatro desde las butacas. Y qué queréis que os diga, pero esto, a pesar de que se puede calificar de muchas maneras, yo solo puedo hacerlo con dos palabras que no me quito de la cabeza: orgullo y privilegio.
Podría decirse que nos dejamos los cuernos en el proyecto porque, con los recursos que disponemos, conseguimos sacar adelante algo que no nos podíamos ni haber imaginado antes. Ese palo de barbería, esa cámara de fotos, esa butaca con ruedas, esas cartas, esos productos de nuestros vendedores ambulantes… toda esa imaginación, trabajo y dedicación salió de cada uno de nosotros, aportando cada uno su cariño de la manera que mejor supo. Entre manualidades e inventiva, podríamos ganarnos la vida de otra manera, pero elegimos estar allí, al pie del cañón con vosotros, a entreteneros y a divertirnos, porque es con lo que disfrutamos.
Creo que sería delito hablar de esfuerzo y teatro sin hablar de nuestro director artístico Carlos Martín Sañudo. Todos sabemos que tratar con una clase entera de niños es un esfuerzo, pero hay que tener mucha más paciencia cuando esos niños tienen pelos en los… brazos. Sin embargo, él supo trabajar con nosotros, conociéndonos y enseñándonos en el proceso. Carlos ha sido el que nos ofreció su punto de vista teatral para montar este espectáculo mientras escuchaba nuestras propuestas, tiraba de nosotros para sacar a los actores que llevamos dentro y nos enseñaba a disfrutar de la actuación. Y eso no tiene precio.
Hoy, un año después (más o menos), todavía consigo recordar aquellas calles abarrotadas de gente y aquellas plazas llenas hasta arriba. Aquellas miradas llenas de ilusión y aquellas sonrisas de felicidad. Gente que ya nos conocía, y gente que nos acababa de descubrir, pero que nos siguió hasta la última parada. A todos vosotros, que nos hicisteis tan felices con vuestras sonrisas, muchas gracias por haber estado ahí. Muchas gracias por disfrutar de la música tanto como lo hacemos nosotros.
Miguel Bayón.

